EDITORIAL de Revista de Psicoterapia y Psicodrama

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Editorial

Revista de Psicoterapia y Psicodrama

Hace años escuché en la radio una entrevista a un prestigioso poeta español, le preguntaron por qué había tardado nueve años en publicar su último libro. Su respuesta fue porque hasta ahora no tenía nada que decir. Un poeta tiene la capacidad de unir en pocas palabras la belleza, la claridad y la profundidad con la que su corazón dirige sus palabras. He tomado estas palabras prestadas porque como el lector puede comprobar, este número sale tarde. Hemos tardado en recoger las suficientes aportaciones para su edición.


Pero deseo que la espera se vea compensada por el interés de los artículos que presentamos en este número.


Vaya por delante nuestro agradecimiento, como consejo editorial, y el mío como director, para todos los que han colaborado en este número.


El lector se va a encontrar en el apartado que denominamos “en acción” dos trabajos teórico-técnicos, los de Juan Camilo y Pedro Torres, los otros dos que completan esta sección son los de Vega Candelas e Isabel Mochales. Nuestra sección de compartir, está dedicada a Moysés Aguiar, compañero psicodramático, que falleció este año. En este apartado se incluyen los trabajos de Raúl Sintes, persona cercana a Moysés, y un artículo del propio Moysés traducido para los lectores de habla hispana.


Cuando recibimos el artículo de Juan Camilo Arias Castrillón, me acordé de una conversación con una compañera de trabajo hace años. Ella me dijo, que se iba a ir a vivir a Dubái, y yo con mi egocentrismo y desorientación espacial habitual, le contesté “pero esto te pilla lejos de Madrid”. Pues no es desde Dubái, desde donde nos ha enviado Juan Camilo su artículo “El psicodrama y el positivismo: Encuentros y desencuentros” sino desde Medellín. Lo que supone, que más allá de nuestro pequeño espacio geográfico, se conoce y se lee nuestra revista. Ojala sigamos recibiendo vuestras aportaciones.


Cuando leía el trabajo de Juan Camilo, me vino a la cabeza una anécdota. El profesor Jose Luis Pinillos iniciaba sus clases con un broma-analógica, “un hombre estaba buscando sus llaves debajo de una farola, y otro transeúnte que pasaba le preguntó qué hacía. La respuesta fue, buscar las llaves que he perdido. A lo que su interlocutor replicó ¿se le han caído aquí?, y nuestro buscador bajo la farola, dijo “no pero aquí hay luz”. Hasta donde la luz del positivismo, ilumina o pueda iluminar la teórica y la técnica del psicodrama, me parece un gran reto, al que durante algún tiempo me adherí, y que hoy admiro que siga latiendo entre nuestros psicodramatistas.


En este texto Juan Camilo se hace preguntas esenciales, que hasta donde yo conozco no tienen una única respuesta en los textos psicodramáticos. Por ejemplo “cuál es el objeto de estudio del psicodrama”, y elige una de sus posibles respuestas “el objeto de estudio del psicodrama es el inconsciente del sujeto que se manifiesta a través de la escena”. Claro inconsciente y observación no son buenos compañeros de viaje, se requieren inferencias y deducciones, juicios para ir de lo observable al inconsciente el paradigma de la “inmaculada percepción” se nos deshace entre los dedos como el modo de acceso al inconsciente. La conclusión del autor, es que el psicodrama en sí mismo, es prácticamente incongruente con el paradigma positivista. Y yo no me atrevo a decir lo contrario. Pero quizás, el positivismo entendido como buscador de relaciones causales en un sentido estricto, no sea compatible con un modo de hacer psicoterapia en el que director-experimentador no tiene el control de lo que sucede. Pero quizás, al menos en mi deseo, los principios de réplica y falsación deberíamos acercarlos y a ser posible implementarlos en el “hacer psicodramático”. Pero esta es una tarea que incluye quizás flexibilizar el método y acercarnos a paradigmas que ponen el foco en la complejidad y la intersubjetividad. El Psicodrama para mí, es un adjetivo del sustantivo Psicoterapia. Cancrini nos decía que psicoterapia hay una y muchas maneras de hacerla. Pero en la medida que estamos inmersos en un territorio compartido, creo beneficioso que no nos situemos al margen de los procesos y progresos metodológicos de los otros adjetivos terapéuticos, psicoterapia cognitivo conductual, analítica, sistémica, constructivista, de tercera generación… Juan Camilo, esta es mi manera de invitarte a que sigas siendo un buscador y compartas con nosotros tus avances.


El primero de los artículos clínicos viene de la mano de nuestra compañera Vega Candelas, miembro docente y clínico de nuestra escuela casi desde su creación y miembro fundador de nuestra asociación. El título de su trabajo “Psicosomática y Psicodrama bipersonal: la depresión esencial frente al deseo de vida”, es en sí mismo una hipótesis comprensiva del hecho psicosomático. Es frecuente encontrarnos con aseveraciones donde se afirma que en última instancia todos los trastornos son psicosomáticos. Pero lo general después hay que articularlo en lo específico y si hablamos de intervenciones terapéuticas a la especificidad tiene que añadir su utilidad clínica. En este caso, la evidencia de la clínica es la que impone y se impone a nuestros procedimientos de intervención. Vega inicia su trabajo mostrando las características propias del psiquismo psicosomático. Si en algún tipo de personas la escisión cuerpo mente se nos muestra con una obstinada contundencia es en estas personas cuyo motivo de sufrimiento es una queja de salud absolutamente ajena a su vida. Algún día la neurociencia nos enseñará que fracasa en el proceso de traducción que hace que la sensación no se pueda relacionar ni codificarse en sentimientos en algunas personas. Vega recoge y sintetiza las aportaciones de autores como Marty, Sifneos (…). Pero la riqueza de este trabajo, va más allá de lo dicho por otros autores, tiene la valentía de proponer un modo de enfrentarse “al error psicosomático”, “a la escisión mente cuerpo”, que en mi opinión se sitúa en la parálisis de la fantasía, de la imaginación, de la capacidad de simbolización. ¿Cómo intervenir con técnicas de acción donde se necesita que un almohadón represente una persona, una relación, o un órgano? Pues la autora nos muestra con una claridad inusual un proceso en tres fases para conseguirlo. Yo les invitaría no solo a leerlo, sino a aplicarlo. En mi opinión, el último destino, y el mejor para un psicoterapeuta es que su esfuerzo llegue a las personas que lo necesiten a través de su propia atención y que, de manera indirecta, otros terapeutas lo hagan suyo y compartan el resultado de su utilización.


El segundo de los artículos clínicos, tiene como autora a Isabel Mochales, su título es “LA TOMA DE CONCIENCIA EN PSICODRAMA. Momentos “clic” en la intervención en violencia de género”. El trabajo de Isabel se organiza en dos partes. La primera, donde muestra el conocimiento riguroso del ámbito de intervención en el que interviene, la violencia de género y sus consecuencias para las víctimas. De manera sucinta recoge su definición, presenta la literatura que organiza la clínica, y subraya las conductas defensivas y los modos en los que el sufrimiento toma forma en las personas que atiende. A continuación usa el término “clic” como llave que abre hacia una posibilidad nueva la vida de sus pacientes y da vida a la propia psicoterapia. Ese clic nos lo va señalando en una muestra nada desdeñable de casos clínicos, donde la descripción del proceso terapéutico se hace con una claridad difícil de conseguir cuando se muestran sesiones de psicodrama. Todos sabemos la complejidad de hacer ver una sesión de psicodrama cuando la atrapamos en una narración. A lo que añade una claridad conceptual, donde late el concepto de reparación. Concepto muy querido para mí. Pero llegar a la reparación se requiere un paso previo “un clic”, “una toma de conciencia”, “una nueva vivencia”…. Quizás en sí mismo ese concepto merece su propio estudio. Pero en este trabajo es muy informativo el proceso de lucha compartida paciente-terapeuta hasta ser capaces de saltar las resistencias y reorganizar los modos repetitivos de hacer y pensar la vida y las relaciones. Entre las conclusiones de Isabel extraigo una de sus afirmaciones, que a todos los que creemos en la acción y el psicodrama como herramienta clínica nos reafirmará en nuestro trabajo: “Las consecuencias del maltrato y la violencia de género abarcan muchas áreas de la vida y trabajando todas éstas, la recuperación se hace viable. Puedo afirmar, por mi práctica clínica, que el enfoque psicodramático consigue reparar los daños vividos y los objetivos terapéuticos que dotan de mayor bienestar a la persona, de manera holística”. Permítanme la licencia de mostrar la admiración por las personas que como Isabel, se exponen a la violencia aunque sea a través de sus pacientes, sé cómo resuena en los terapeutas el pánico que provoca el maltrato y hace falta tener mucha capacidad de querer y energía para luchar contra él.


El último artículo que recogemos tiene la autoría de Pedro H. Torres-Godoy, compañero y amigo chileno, que nos presenta un trabajo integrador y complejo, donde esboza su pensamiento sobre el AXIO - GENO – DRAMA EXPERIENCIAL. Comienza por señalar alguno de sus objetivos, tan sugerente, como es poder desvelar-nos “la línea de nuestro destino como terapeutas”. En mi opinión ser lo que somos como terapeutas y buscar su construcción en nuestra historia, es una obligación moral de nuestra profesión, pero pensar hacia donde nos dirigimos “y qué podemos entregar a nuestros formandos”, se convierte en una búsqueda cuya mayor belleza es convertir el “otro” en nuestro principal interés y asumir la responsabilidad de lo que damos. Considero que para “ser formador en psicoterapia” se necesita tiempo de vida vivida y reflexionada para pensar en la responsabilidad de lo que se transmite y enseña. Pero también conlleva la gratitud hacia los que nos enseñaron y reconocer que solo somos transmisores de conocimiento al servicio de la vida y la salud emocional. La gratitud por lo recibido se acompaña de la generosidad para asumir la responsabilidad de aportar lo mejor de lo que hemos recibido y en la medida de nuestras capacidades y esfuerzo aportado. De eso nos habla este lejano amigo, en la distancia geográfica, pero cercano en su interés en el hacer y enseñar psicodrama. Léanse “al tiro” este artículo, reléanlo, y dejen que la fantasía les lleve a pensar sobre “su destino como terapeutas”. Es una bella fantasía “no guiada”, pero si desencadenada.


“Por lo tanto nuestro AXIO- GENO (genio)- DRAMA (experiencial), con mayúsculas tiene que ver con reunir en un mismo escenario de acción, física, corporal e interaccional, al conjunto de los valores universales que nos acontecen en el devenir de nuestra vida en general, y de nuestra vida terapéutica en particular, desde los orígenes, nuestros maestros, los antepasados, hasta el fin, aquello que no concluirá con nuestra vida, sino que se proyectará en la descendencia, los formandos, nuestros hijos terapéuticos”.

Nuestro compartir está íntegramente dedicado a la memoria de Moysés, y lo haremos con dos textos uno de Raúl Sintes y otro del propio Moysés.


Raúl Sintes, “El teatro molecular, la potencia de Actuar”. Creo que no me equivoco al recordar mi primer encuentro en un taller de Psicodrama en Salamanca con Raúl Sintes. Cuando Raúl, en su rol de director, inició el caldeamiento nos invitaba a establecer contacto con nuestros pies, yo no tenía previsto quitarme los zapatos, pero nos dijo que lo hiciéramos. En ese momento se me reactualizó la frase de moreno “el hombre está poco preparado para la sorpresa”.


Este generador de sorpresas como director y que tenemos la fortuna de contar con él en calidad de miembro de nuestro consejo editorial, nos muestra un desarrollo propio a partir del teatro de la espontaneidad, que ha bautizado con el nombre de “teatro molecular”. Deleuze, Foucault, Moreno y si he sido capaz de interpretarlo adecuadamente un pensamiento psicoanalítico con aromas lacanianos mezclados de un modo sosegado, atemperado y riguroso han influido en la génesis de este Teatro Molecular. Raúl nos muestra su pasión por el deseo, pero como un deseo que no se atrapa en el individuo, en el narrador, en el protagonista. Ni tampoco en la estructura de las narraciones que pueden invocar e inducir a una sola lectura. La lectura que la propia estructura narrativa propone y de alguna manera convoca a los que la escuchan a la consonancia. El Teatro Molecular, es una invitación a lo colectivo, a lo común, a lo creativo… y entiendo que en última instancia a la libertad de ser-siendo y sorprendiéndonos de lo que somos con los demás. La estética con la que está escrito el artículo es un elemento añadido para que el lector disfrute de su lectura.


El último de los textos que aquí presentamos, es nuestro humilde homenaje y recuerdo de un compañero, Moysés Aguiar. Recientemente falleció un compañero de viaje, un hombre de sonrisa amable y pelo ensortijado. Un hombre que creía y creaba en psicodrama y teatro espontáneo. Como pudimos leer en el axio-geno-drama la meta última es pensar en lo que transmitimos, en lo que dejamos. Moysés, más allá de un grato recuerdo en los encuentros en los que coincidimos, nos dejó su obra. En el Congreso Iberoamericano de Brasil, tuve el placer de entrevistarle para “la hoja de psicodrama”, revista de la A.E.P. (Asociación Española de Psicodrama) y le pregunté sobre la “eficacia terapéutica del teatro espontáneo”, de aquella yo era un poco más joven y probablemente seguía atrapado por la ansiedad “positivista”. Recuerdo cómo tras mi insistencia por reivindicar el espacio de cura para el psicodrama y querer arrinconar el teatro espontáneo a un espacio lúdico, dinamizador, quizás de alivio en la expresión, me dijo, la entrevista que me estas realizando es muy espontánea, ¿la espontaneidad cura? Y un buscador empirista se sintió delante de un hombre grande y humilde del psicodrama.


Algún tiempo después me envió, su “Teatro espontáneo y psicodrama a dos”, artículo que permaneció en uno de mis cajones durante más de doce años, y que hoy he “osado” traducir para los castellano-hablantes. Moysés, escribe sobre temas profesionales pero con un estilo muy poético, mi dominio del portugués, no es lo suficientemente bueno para reflejar esos matices, y esa belleza. Pero la riqueza de este trabajo, sobresale sobre las limitaciones de su traducción.


Empecé el editorial diciendo que tardamos en tener algo que decir, pero creo que lo hemos reparado en este volumen gracias a nuestros colaboradores.


Y si al lector le quedan ganas de detenerse en nuestro espacio de presentación de libros puede ojear el índice del “Manual de trabajo personal para terapeutas de familia” que verá su luz en Septiembre.



Teodoro Herranz

Director de la Revista de Psicoterapia y Psicodrama

Madrid 7/09/2016

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